sábado, 13 de abril de 2013

Sociedades diferentes, ciudades diferentes / Different societies, different cities

Estos meses he estado aprendiendo sobre la gentrificación, el fortalecimiento de la clase creativa y lo que opinan algunos autores sobre planificación urbanística, como Jane Jacobs o Richard Florida. Si bien en España se ha acompañado este tema del peligro que tiene desplazar al pauperismo más lejos aún de los núcleos urbanos, en otros países la situación no resulta tan negativa.

These months I have been learning about gentrification, the rise of the creative class and what some authors think about urban planning, like Jane Jacobs or Richard Florida. Even though in Spain this topic comes with the danger of making the lower classes move even further from the urban center, in other countries the situation is not that negative.

Viviendo en Holanda, me resulta muy cercano el tema. No hace falta más que salir a la calle para ver que las diferencias con España son palpables. Las calles están sembradas de pequeños negocios, ya sean cafés, ultramarinos o, sobre todo al lado de la mía, pequeñas agencias de empleo temporal. La semana pasada estuve en Berlín y la situación era todavía más icónica: en las calles adyacentes a mi hostel, los bajos estaban ocupados por pequeñas librerías, tiendas de ropa de segunda mano, comida ecológica, centros de yoga, mini-supermercados de barrio...

Living in the Netherlands from some time now, the topic feels close. It takes only to go in the streets to aknowledge the differences with Spain. Here, the streets are full of small businesses, whether they are cafés, markets or, especially next to mine, small job collocation agencies. Last week, I was in Berlin and the situation was even stronger: in the streets around my hostels there were small bookstores, second hand fashion shops, eco-food, small neighbourhood supermarkets...

Cuando me paro a comparar con las calles de mi ciudad, Valencia, me apena recordar que muchas de estas pequeñas empresas han tenido que cerrar, convirtiendo los bajos comerciales de los barrios en lugares fantasma, cubiertos por números de teléfono de inmobiliarias que los alquilan. El pequeño comercio fue engullido por los gigantes (o, a menor escala, Mercadona) y la cultura comercial global se ha impuesto en detrimento de la local.

When I stop and compare this to the streets of my city, Valencia, it saddens me to remember that most of these small businesses had to close, turning the neighbourhoods into ghosts at the passer-by level. Signs with real-state phone numbers to rent these places are everywhere. Little businesses were swallowed by the big ones (or, in a smaller scale, by Mercadona) and the global commerce culture has been imposed, in detriment of the local.

¿Qué triste, verdad? Lo es, pero hay que pararse a pensar un poco. ¿Por qué han cerrado nuestros comercios? Aparte de porque no hay un flujo de crédito de nuestros maltrechos bancos, nosotros los ciudadanos, hemos contribuido a esto. ¿Cuántas veces hemos preferido la Fnac a la librería del barrio? ¿Cuántas veces hemos cogido el coche para comprar en Carrefour, en vez de ir al mercado el domingo, o a esa pequeña tienda de olivas y quesos de la esquina?

So sad, right? It is, but we should stop and think a bit. Why did our businesses close? There is a lack of credit flow from our damaged banks, of course, but we as citizens have also taken part. How many times did we prefer Fnac to a neighbourhood bookstore? How many times sis we take the car to go grocery shopping at Carrefour, instead of going to the central market on Sunday or to the small olive and cheese shop past the corner?

Lo que más diferencia, a mi ver, nuestras sociedades es la solidaridad. No solidaridad en sentido altruista, sino el saberse ciudadano y sentirse parte de una comunidad que se retroalimenta. Los berlineses, por ejemplo, acuden a estos comercios porque ellos mismos tienen uno, o sus familiares. Hoy por ti, mañana por mí, y poco a poco se crea un tejido empresarial. Somos países dentro de algo llamado Europa, en el ámbito cultural, pero económicamente somos meros mercados locales integrados en algo más grande, un mercado global. Para impedir que otros peces más grandes nos engullan, no solo no debemos comernos a nuestros pezqueñines: debemos alimentarlos.

What makes the difference in our societies, from my point of view, is solidarity. Not solidarity in an altruistic sense, but in knowing oneself as a citizen and feeling part of a community in constant feedback. The berliners, for example, keep these businesses alive because they may have one, or some relative has. Today for me, tomorrow for you; and little by little we can sew a business network. We are countries inside something called Europe, culturally, but just local markets integrated in something bigger economically, this is, a global market. To prevent the bigger fish to swallow our baby-fish, we shouldn't just avoid eating them: we have to feed them, as well.

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