martes, 18 de diciembre de 2012

Por qué las cosas no pueden ser gratis

Las calles están engalanadas, se han puesto sus trajes de luces para recibir la esperada época navideña. Cuando te das cuenta, estás a mitad de diciembre. Y eso significa que tienes una semana para comprar regalos que, en teoría, deben dar en el blanco o, como mínimo, ser aceptados con una sonrisa. Eso, queridos lectores, para muchos de nosotros, es misión imposible.

Somos de España y nos gustan las cosas gratis, no solo porque nos gustan las cosas gratis así directamente, sino porque también estamos pasando una época de crisis. Esto significa: gastarte dinero en regalar libros, series, películas o juegos te hará parecer tonto o derrochador cuando puedes descargártelos for free. Cargándote poco a poco a dichas industrias, claro. Crucemos los dedos para no llegar a ser escritores, músicos o desarrolladores de videojuegos en un futuro, porque las pasaremos canutas con tanto pirata. O quizás nos pasaremos al bando de la Sinde.

Las cosas no pueden ser gratis. Cuando el valor percibido de algo es cero, pierde todo el valor. Es como lo que les ocurre a la sanidad o la educación públicas. A pesar de que se pagan con impuestos, se perciben como gratuitos, y están muy lejos de ser eso. Valoramos tan poco la sanidad pública que acudimos a urgencias por un resfriado. O los adolescentes van a clase para dedicarse a hablar y pasar el día. El resultado ya lo conocemos: listas de espera, colapso e ineficiencia. Más de lo mismo en la educación: fracaso escolar, profesores estresados, un trabajo vocacional que acaba crispado por la desgana estudiantil pero que, al ser por oposición, se puede soportar.

Y así estamos todos.


No hay comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.