domingo, 1 de julio de 2012

Las soluciones baratas a veces salen caras

Foto: Reuters.
Ayer, Valencia se despertó con un chirimiri de ceniza que cubrió de blanco el asfalto durante todo el día. El sol estaba oculto tras una nube de humo y la luz amarillenta daba una sensación de ver las cosas bajo un filtro de Instagram. Hoy, el humo ha bajado a las calles: huele a fuego, a destrucción y a tristeza.

La tristeza de que se han quemado ya unas 50.000 hectáreas de vida: si aquí, ya de por sí, nuestro paisaje es un secarral, solo faltaba que desapareciera la zona verde, el pulmón. La flora y la fauna están quedando muy maltrechas. Cientos de vecinos desalojados: más vida en peligro.

Mientras tanto, la Generalitat Valenciana está en silencio y los medios de comunicación valencianos tartamudean información: son dos incendios uno provocado por negligencia, en Dos Aguas y Cortes; el otro fortuito, por una quema de rastrojos en Andilla, ahora se le suma otro fortuito, causado por un rayo en Sagunto, las condiciones son adversas temperaturas altas, vientos fuertes, no hay recursos suficientes para controlarlo ha habido recortes en los presupuestos y reducción de efectivos, hay cientos de vecinos evacuados...

Escuece.
El área se quemó hace 20 años, y eso es lo que había tardado en regenerarse. Vamos a tener un paisaje gris gracias a una confluencia de sucesos, evitables y no evitables, durante los próximos años. Aunque esa es una posibilidad. La otra es que el suelo se recalifique por obra y gracia del gobierno de Fabra y se continúe viviendo a golpe de ladrillazo, como se hacía hasta hace poco en toda España, antes de que estallara la burbuja. No sé cuál es la opción menos halagüeña...

Hace tan solo unos días se celebraba en la capital del Turia la Fórmula 1, epicentro de quebraderos de cabeza y derroche VIP, que cuesta 21 millones de euros al año. Paralelamente, son 15 los millones que se recortaron en materia de lucha contra incendios. Una cosa por otra. Se está recortando en las partidas de servicios sociales básicos: educación, sanidad, dependencia... o en este caso, protección del medio ambiente. Una solución barata, por lo poco pensada y el poco ahorro que supone, que nos ha salido muy cara. Y, en este caso, podemos ver con nuestros propios ojos la cara consecuencia que ha traído. Las consecuencias caras del resto de recortes no son apreciables al ojo humano: tardaremos años en darnos cuenta del empeoramiento de nuestras condiciones de vida y de nuestro capital humano.

Ahora mismo, nuestro futuro está tan gris y lleno de humo como nuestro cielo. 

1 comentario:

Pau dijo...

Me temo que eso les trae sin cuidado. Por sus caras, sus obras y sus gestos es lo que parece.

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