lunes, 14 de mayo de 2012

Zancadillas

Asumámoslo, España era un país de segunda y durante unos años hemos tenido la ilusión de que era de primera. Pero seguimos siendo de segunda e incluso puede que de tercera. Decimos que lo que nos toca ahora es hacer como a nuestros abuelos o bisabuelos: emigrar y buscar suerte en otros países, que luego volveremos, como hicieron la mayoría de ellos.

Pero hay una diferencia, y es que en aquella época los que se iban apenas tenían cualificación. Eran la mano de obra barata de Europa. Se iban humildes y volvían con la experiencia de quien ha vivido otra vida concentrada en unos pocos años, pero humildes. Y espabilados.

Y aquí nos vamos cualificados. Nos hemos formado, muchos, gracias a los impuestos de ciudadanos que financian la educación pública. Y es una lástima que España, y nuestra sociedad, no vaya a recuperar esa inversión. Pero también es una lástima tener que ser la mano de obra barata de nuestro propio país, y más cuando nos hemos preparado para no serlo en ningún sitio.

Si el sistema nos pone zancadillas, al principio nos caeremos, como cualquiera. Y después vienen dos reacciones: devolver la zancadilla o, simplemente, irse. Los que devuelvan la zancadilla se van a quedar y cuando llegue el momento aprovecharán la situación, si saben tener paciencia, en el país donde nacieron. Los que prefieren irse... bueno, ya lo están haciendo.

Así que prepárense, porque se aproxima una época en nuestra tierra patria en la que, mientras parte de la juventud se encuentre fuera ofreciendo su capital humano a otros países que sepan apreciarlo, la otra parte, la de la zancadilla, estará sentando las bases para poder reír mejor, para reír los últimos.

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