domingo, 16 de enero de 2011

Telecirco y el peligro del marketing en la televisión



Confieso que ésta pretendía ser una entrada comparativa entre los diferentes canales de televisión que nos permite "elegir" hoy en día el susodicho medio de comunicación, pero ya que hay uno -Telecirco, apodo ganado a la fuerza- que se ha encargado de zamparse la mitad, me centraré más en él.

Hace tiempo que he notado una diferencia cada vez más acusada entre la información que difunden canales públicos y privados. Para empezar, antes de que el imperio de Berlusconi adquiriera Cuatro y CNN, las noticias de Telecinco ya me parecían la página de sucesos de un periódico británico -con esto quiero decir que son muy sensacionalistas, aquí os dejo un ejemplo-. Después, cuando apareció por allí Sara Carbonero, me di cuenta de lo que ocurría. Marketing, señores: el morbo vende. ¿Cuánto morbo dan los sucesos escabrosos? ¿Cuánto morbo dan chicas bellas y bien vestidas dando las noticias?

Hagamos una comparación: en la 1, tenemos a Ana Blanco -he de decir que la admiro mucho, después de tantos años viéndola en el telediario es mi preferida-, Pepa Bueno o María Casado. Dan información objetiva -dentro de lo que cabe, ya sabemos que es absolutamente imposible que la información no tenga un mínimo de subjetividad- y de forma imparcial, con una entonación y unos gestos adecuados, su aspecto es correcto y no distrae la atención de los espectadores.

Ahora comparemos con Sara Carbonero, Carme Chaparro o Pilar Rubio. O cambiando a otra emisora privada, a Helena Resano en La Sexta. Son mujeres muy atractivas que llaman la atención y hacen que una parte de los espectadores cambie a su emisora -¡no sé si para enterarse de las noticias, yo, desde luego, si las pongo es para ver cómo van vestidas y maquilladas!-. La información que ofrecen no es -desde mi punto de vista- nada objetiva; para empezar, por la entonación cuando hablan, poniendo énfasis en algunos puntos u otros; por sus gestos faciales, llegando en ocasiones a fruncir el ceño o alzar las cejas con indignación y sorpresa; también por las "conversaciones" que dan paso a algunas noticias, como las que protagonizan Carbonero y David Cantero; o por la abundancia de adjetivos tendenciosos que orientan la reacción del público ante la noticia hacia un lado u otro.



Con estos ejemplos sólo quiero poner de manifiesto que ésta, la emisora reina del marketing, es la que está adquiriendo más poder en los medios de comunicación ahora mismo en España. Lo que está ocurriendo -aunque, de todas formas, siempre hay unos con más poder que otros y lo deseable sería que estuviera repartido, como en la política ideal- es que unos pocos tienen el monopolio de la información, y eso les da mucho más poder. La sociedad se ha acostumbrado a recibir información ya elaborada y procesada hacia un punto de vista. Después no la contrastan con otra para elaborar su propia opinión, o sea, que lo que vean por la televisión y sea verosímil lo van a asimilar como verdadero y correcto.

Eso convierte a la sociedad en una herramienta muy manejable al servicio de unos cuantos. Porque no hay herramienta más potente que la opinión pública: y sino, que se lo digan a Hitler y a sus campañas de propaganda. El decálogo de Goebbels -ministro de propaganda del dictador nazi- ofrecía unos principios de propaganda -eso que hoy en día llamamos marketing- para llevar a cabo una campaña efectiva de posicionamiento de la opinión pública. Supongo que, con este ejemplo, dejo claro lo que puede llegar a suceder con una opinión pública que traga la información como un rebaño de borregos se traga cualquier hierbajo.


Lo sé, he sido sensacionalista... ¿se me estará pegando de Telecirco o es que estoy haciendo una campaña de propaganda aquí mismo?


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